1.- ¿Qué es la ética? (P. 182, 183, 184)
2.- ¿Por qué la libertad es una condición necesaria para que pueda haber ética? (1.1 Carácter y conciencia moral. P. 182, 183)
3.- ¿Por qué el ámbito de las normas morales es el deber ser y no el ser? (1.2 Las normas morales. P. 183)
4.- Reflexiona sobre la relación entre moralidad y legalidad. (1.2 Las normas morales. P. 183)
5.- ¿Cuál es la función de la conciencia moral en la ética? (1.1 Carácter y conciencia moral. P. 182, 183)
6.- En plena persecución judía en la época de los campos de concentración nazi, un judío se esconde en tú casa. Unos nazis llaman a la puerta y preguntan si en tu casa hay algún judío. Reflexiona sobre este dilema ateniéndote a las dos máximas kantianas. (Dentro del 2.3; la ética del deber. P. 190)
7.- ¿Qué es la felicidad para Aristóteles? (Dentro de "En busca de la felicidad", la felicidad es prudencia. P. 188)
8.- Comenta las siguiente frases del filósofo estoico Epicteto (Dentro de "En busca de la felicidad", la felicidad es aceptación. P. 189):
“No son las cosas las que atormentan a los hombres, sino la opinión que se tiene de ellas.”
“No pretendas que los sucesos sucedan como quieres, sino quiere los sucesos como suceden y vivirás sereno”
9.- ¿Existen valores objetivos? (Dentro de 1.3 Los valores morales. P. 184)
10.- ¿Qué quiere decir Sócrates con que nadie hace el mal a sabiendas? (Dentro de 2.1 El origen occidental de la ética, "el intelectualismo socrático". P. 187)
Vídeos complementarios:
Sofistas: los sofistas
Sócrates: Sócrates
Aristóteles: Ética de Aristóteles
Escuelas helenísticas: Escuelas Helenísticas (Epicuro y Estoicos)
Kant: Ética de Kant; Mentira la verdad (Fundamentación de la metafísica de las costumbres I; Fundamentación de la metafísica de las costumbres II )
domingo, 19 de mayo de 2019
sábado, 18 de mayo de 2019
Conciencia Moral
La conciencia moral es el foro interno en el que cada ser humano juzga sus acciones y normas.
Es una capacidad exclusivamente humana que nos hace capaces de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, etc. Nos permite saber íntimamente, si actuamos bien o no, produciendo sentimientos de satisfacción o remordimientos y es la que nos hace sentirnos responsables de las consecuencias de nuestras acciones.
La conciencia moral es, por tanto, la capacidad humana de juzgar sobre la bondad o la maldad, la capacidad de realizar juicios morales o la de comprender la obligación incondicional que impone el deber. Se suele llamar conciencia antecedente a la que precede a la realización del acto, o a la decisión de actuar o no actuar, y que se percibe como una sugerencia de la razón a hacer el bien, y conciencia consecuente, a la que es posterior a la acción, decisión u omisión, y que consiste en una reflexión o juicio de la razón sobre lo hecho, decidido u omitido. No es sino la misma conciencia humana, en cuanto se refiere, no al conocimiento de «objetos», sino al conocimiento de la moralidad de los «actos».
Desde un punto de vista evolutivo puede entenderse la conciencia moral como una voz estratégica que nos aconseja cómo alcanzar nuestros intereses de forma prudente, sin enfadar al grupo que puede castigarnos. Para alcanzar sus objetivos, el ser humano tiene que calcular hasta dónde puede llegar sin perder su reputación y sus bienes.
Pero la conciencia moral tiene también un componente de obligación interna, que no procede de la presión del grupo. La persona no solo tiene obligaciones con su colectividad, sino también consigo mismo. Este sentido de la auto-obligación exige cumplir las normas siempre que el sujeto las valore como justas desde su propia razón. El deber moral no consiste solo en cumplir obligaciones
con los demás, sino en primer lugar en cumplirlas consigo mismo, y en saberse obligado a cumplirlas con los demás desde esa auto-obligación. Existe un mundo moral específico que ordena incondicionadamente asumir reglas cuando se consideran justas y rechazarlas cuando se consideran injustas, sean o no las del grupo. Esa capacidad humana es la que lleva el nombre de “libertad moral”. El motivo para cumplir las leyes de la libertad es el respeto por la dignidad de seres que son en sí valiosos por ser libres. La libertad permite superar los impulsos naturales cuando está en juego lo en sí valioso, lo que tiene dignidad.
Es una capacidad exclusivamente humana que nos hace capaces de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, etc. Nos permite saber íntimamente, si actuamos bien o no, produciendo sentimientos de satisfacción o remordimientos y es la que nos hace sentirnos responsables de las consecuencias de nuestras acciones.
La conciencia moral es, por tanto, la capacidad humana de juzgar sobre la bondad o la maldad, la capacidad de realizar juicios morales o la de comprender la obligación incondicional que impone el deber. Se suele llamar conciencia antecedente a la que precede a la realización del acto, o a la decisión de actuar o no actuar, y que se percibe como una sugerencia de la razón a hacer el bien, y conciencia consecuente, a la que es posterior a la acción, decisión u omisión, y que consiste en una reflexión o juicio de la razón sobre lo hecho, decidido u omitido. No es sino la misma conciencia humana, en cuanto se refiere, no al conocimiento de «objetos», sino al conocimiento de la moralidad de los «actos».
Desde un punto de vista evolutivo puede entenderse la conciencia moral como una voz estratégica que nos aconseja cómo alcanzar nuestros intereses de forma prudente, sin enfadar al grupo que puede castigarnos. Para alcanzar sus objetivos, el ser humano tiene que calcular hasta dónde puede llegar sin perder su reputación y sus bienes.
Pero la conciencia moral tiene también un componente de obligación interna, que no procede de la presión del grupo. La persona no solo tiene obligaciones con su colectividad, sino también consigo mismo. Este sentido de la auto-obligación exige cumplir las normas siempre que el sujeto las valore como justas desde su propia razón. El deber moral no consiste solo en cumplir obligaciones
con los demás, sino en primer lugar en cumplirlas consigo mismo, y en saberse obligado a cumplirlas con los demás desde esa auto-obligación. Existe un mundo moral específico que ordena incondicionadamente asumir reglas cuando se consideran justas y rechazarlas cuando se consideran injustas, sean o no las del grupo. Esa capacidad humana es la que lleva el nombre de “libertad moral”. El motivo para cumplir las leyes de la libertad es el respeto por la dignidad de seres que son en sí valiosos por ser libres. La libertad permite superar los impulsos naturales cuando está en juego lo en sí valioso, lo que tiene dignidad.
martes, 14 de mayo de 2019
Conciencia Ambiental
La responsabilidad con respecto a lo que nos rodea es necesaria para la sostenibilidad de nuestro planeta. Aquí os dejo algunos vídeos:
Home: la historia de la tierra
Earthlings: documental duro sobre el trato a otras especies
Man: animación sobre el paso del ser humano por la Tierra
World Population: crecimiento de la población en los últimos dos mil años
Puede que haya llegado el momento de parar de crecer y comenzar a decrecer:
Home: la historia de la tierra
Earthlings: documental duro sobre el trato a otras especies
Man: animación sobre el paso del ser humano por la Tierra
World Population: crecimiento de la población en los últimos dos mil años
Puede que haya llegado el momento de parar de crecer y comenzar a decrecer:
viernes, 5 de abril de 2019
Ejercicios de lógica
En los siguientes enlaces encontraréis ejercicios de lógica resueltos. Las reglas que se utilizan las llaman de la siguiente manera (lo pongo para que entendáis los pasos, no lo tenéis que aprender):
IC - Introducción del conjuntor - RI˄
EC - Eliminación del conjuntor - RE˄
ID - Introducción del disyuntor - RI˅
ED - Eliminación del disyuntor - RE˅
IN - Introducción del negador - RI┐
II - Introducción de la implicación - RI →
EI - Eliminación de la implicación - RE →
SIL DISY - Silogismo disyuntivo - RIA
Ejercicios:
Ejercicios 1 / Ejercicios 2
IC - Introducción del conjuntor - RI˄
EC - Eliminación del conjuntor - RE˄
ID - Introducción del disyuntor - RI˅
ED - Eliminación del disyuntor - RE˅
IN - Introducción del negador - RI┐
II - Introducción de la implicación - RI →
SIL DISY - Silogismo disyuntivo - RIA
Ejercicios:
Ejercicios 1 / Ejercicios 2
jueves, 28 de febrero de 2019
El problema mente - cerebro
¿Qué es el ser humano? ¿Qué es lo que hace al ser humano ser lo que es? ¿Somos únicamente cuerpo material o hay algo más en nosotros: espíritu, alma y mente? Y si lo hay, ¿qué relación hay entre ellos?
El problema entre la relación mente-cerebro, o en su formulación clásica alma-cuerpo, ha sido un tema tratado desde los comienzos de la historia de la filosofía. Desde el dualismo espiritualista de Platón, en el que el cuerpo se presentaba como una cárcel para el alma, pasando por el dualismo cartesiano, donde, después de emplear la duda metódica, Descartes solo podía estar seguro de que es sustancia pensante, caracterizada por la libertad y voluntad, hasta el materialismo de base físico-química en la que la mente se reducía a conexiones neuronales, o en sus últimas formulaciones, en las que la mente emerge de lo físico-químico formando un sistema autónomo.
Más allá de los dualismos espiritualistas o los monismos materialistas, lo que queda patente, es que la actividad mental es una característica principal del ser humano, ya sea como sustancia separada de la materialidad, o como atributo emergente de la materialidad; pero de una u otra forma, el ser humano es el ser que se pregunta, el ser metafísico por excelencia, el ser que sufre, que se divierte, que tiene esperanzas, sueños, que se angustia, que es consciente de sí mismo, que se pregunta por el sentido de su existencia, por su muerte y finitud, por su posible trascendencia, por el universo que lo contiene,...
Plantearemos esta dicotomía, entre dualismos espiritualistas y monismos materialistas desde el campo de la inteligencia artificial, retomando la pregunta de Alan Turing de si piensan las máquinas, o si al menos lo parece. Desde una sustancia pensante separada de la materialidad, no sería posible que una máquina, hecha solo de materialidad pensase; como mucho se podría programar para que imitase las conductas observables humanas y pareciese que pensase; no habría conciencia (a un conductista esto le daría igual, porque el único criterio sería lo observable). En cambio desde un monismo reduccionista o emergentista en el que la base es material, se podría construir una máquina, en la que replicando las estructuras del cerebro humano, diesen lugar a un sistema autónomo de pensamiento.
Alan Turing, a mediados del siglo pasado, propuso un test, en el que unos interrogadores tendrían que diferenciar las respuestas dadas por dos sujetos A y B, en la que B sería un ser humano y A una máquina que se hiciese pasar por humano. Si la máquina era confundida con un humano, pasaría la prueba. Turing predijo que para finales del siglo XX o principios del siglo actual, se podrían hacer máquinas que pasarían el test.
Os propongo que hagáis de interrogadores y que penséis 4 preguntas para ver a través de las respuestas dadas por el robot si nos encontramos ante un ser pensante o un simple imitador. Para ello, pondréis a prueba vuestras preguntas con uno de los ganadores del premio Loebner, en el que la AISB (The society for the study of Artificial Intelligence and the simulation of Behaviour) lleva a cabo el test de Turing.
Tendréis que pensar en un criterio, alguna característica que hace al humano ser como es, por ejemplo, la libertad, la conciencia, la angustia, la muerte; y preparar las preguntas para comprobar si la máquina solo responde programáticamente o si por el contrario nos encontramos ante un sistema autónomo, libre, que tiene miedos, o que se pregunta por el sentido de su existencia.
Enlace a la inteligencia artificial a poner a prueba: Mitsuku
Página de la AISB: Premio Loebner
Dos criterios para la presencia de estados mentales: Descartes y Turing: Artículo
El problema entre la relación mente-cerebro, o en su formulación clásica alma-cuerpo, ha sido un tema tratado desde los comienzos de la historia de la filosofía. Desde el dualismo espiritualista de Platón, en el que el cuerpo se presentaba como una cárcel para el alma, pasando por el dualismo cartesiano, donde, después de emplear la duda metódica, Descartes solo podía estar seguro de que es sustancia pensante, caracterizada por la libertad y voluntad, hasta el materialismo de base físico-química en la que la mente se reducía a conexiones neuronales, o en sus últimas formulaciones, en las que la mente emerge de lo físico-químico formando un sistema autónomo.
Más allá de los dualismos espiritualistas o los monismos materialistas, lo que queda patente, es que la actividad mental es una característica principal del ser humano, ya sea como sustancia separada de la materialidad, o como atributo emergente de la materialidad; pero de una u otra forma, el ser humano es el ser que se pregunta, el ser metafísico por excelencia, el ser que sufre, que se divierte, que tiene esperanzas, sueños, que se angustia, que es consciente de sí mismo, que se pregunta por el sentido de su existencia, por su muerte y finitud, por su posible trascendencia, por el universo que lo contiene,...
Plantearemos esta dicotomía, entre dualismos espiritualistas y monismos materialistas desde el campo de la inteligencia artificial, retomando la pregunta de Alan Turing de si piensan las máquinas, o si al menos lo parece. Desde una sustancia pensante separada de la materialidad, no sería posible que una máquina, hecha solo de materialidad pensase; como mucho se podría programar para que imitase las conductas observables humanas y pareciese que pensase; no habría conciencia (a un conductista esto le daría igual, porque el único criterio sería lo observable). En cambio desde un monismo reduccionista o emergentista en el que la base es material, se podría construir una máquina, en la que replicando las estructuras del cerebro humano, diesen lugar a un sistema autónomo de pensamiento.
Alan Turing, a mediados del siglo pasado, propuso un test, en el que unos interrogadores tendrían que diferenciar las respuestas dadas por dos sujetos A y B, en la que B sería un ser humano y A una máquina que se hiciese pasar por humano. Si la máquina era confundida con un humano, pasaría la prueba. Turing predijo que para finales del siglo XX o principios del siglo actual, se podrían hacer máquinas que pasarían el test.
Os propongo que hagáis de interrogadores y que penséis 4 preguntas para ver a través de las respuestas dadas por el robot si nos encontramos ante un ser pensante o un simple imitador. Para ello, pondréis a prueba vuestras preguntas con uno de los ganadores del premio Loebner, en el que la AISB (The society for the study of Artificial Intelligence and the simulation of Behaviour) lleva a cabo el test de Turing.
Tendréis que pensar en un criterio, alguna característica que hace al humano ser como es, por ejemplo, la libertad, la conciencia, la angustia, la muerte; y preparar las preguntas para comprobar si la máquina solo responde programáticamente o si por el contrario nos encontramos ante un sistema autónomo, libre, que tiene miedos, o que se pregunta por el sentido de su existencia.
Enlace a la inteligencia artificial a poner a prueba: Mitsuku
Página de la AISB: Premio Loebner
Dos criterios para la presencia de estados mentales: Descartes y Turing: Artículo
miércoles, 20 de febrero de 2019
Explicación sobre Hume
La realidad humana es compleja, nos llegan montón de cosas a la mente; ahora bien, ¿cómo estamos seguros de que lo que estamos viendo, no lo vemos desde las ideas preconcebidas que ya tenemos (lo que Hume llama creencias). La creencia es interpretar la impresión desde la idea. Por ejemplo: tus amigos dicen de una persona que es antipática; cuando te encuentres con esa persona, si la ves desde esa idea, eso ya estará influyendo en cómo la ves. Lo que quiere decir Hume es que es muy difícil, sino imposible, conocer la realidad tal cual, porque tenemos una carga, que viene dada por nuestras experiencias anteriores, por lo que nos han contado, que influye en nuestra manera de ver la realidad.
Esto es, las cosas cotidianas, solo como impresiones serían muchos y diversos estímulos desconectados (colores, formas, sonidos, olores...); y nuestra imaginación es la que las conecta en una sola cosa a través de las leyes de asociación de la naturaleza humana (que todos los seres humanos por el hecho de ser humanos tienen). Estas leyes son la semejanza (unas cosas que vemos se parecen a otras que ya hemos visto), la contigüidad ( unas cosas aparecen al lado de otras, con respecto al espacio; y unas después de otras, con respecto al tiempo) y la causalidad (unas cosas dan lugar a otras).
Una vez que ya tenemos la idea de una cosa, cuando veamos otra cosa parecida; no sabemos si en realidad esta cosa tiene alguna conexión en la naturaleza, sino somos nosotros los que creamos esta conexión. Ya no vamos a ver las cosas desde su misma aparición, sino que las vemos desde las creencias que ya tenemos.
Ahora bien, sin creencias, dice Hume, que desaparecería el mundo cotidiano, dejaríamos de ver lo que vemos. Y ahí viene la problemática del conocimiento: ¿cómo tener un conocimiento que se ajuste realmente a lo que hay y que no esté interpretado desde nuestra imaginación y nuestras creencias?
El mundo cotidiano no se puede reducir únicamente a lo que percibimos, porque en parte lo estamos construyendo a través de la imaginación. Partimos, dice Hume, de la creencia de que los objetos cotidianos existen y podemos conocerlos tal cual; pero esto ya es es sí misma una creencia. A nuestra mente solo llegan una diversidad de sensaciones; y es nuestra mente quien las junta. Creemos percibir las cosas, pero no tenemos la certeza absoluta de que así sean; podría ser que si tuviésemos otras creencias, la realidad percibida fuese otra.
Aun así, con toda esta problemática, el objetivo de Hume es que la realidad que percibimos se ajuste lo más posible a la propia realidad; y el criterio que utiliza es que se correspondan nuestras ideas en la medida en que se pueda a las impresiones que de la realidad tenemos. Pero las ideas más complejas se alejan cada vez más de las impresiones, y Hume cae en la cuenta del papel que juega la creencia en todo esto.
Esto es, las cosas cotidianas, solo como impresiones serían muchos y diversos estímulos desconectados (colores, formas, sonidos, olores...); y nuestra imaginación es la que las conecta en una sola cosa a través de las leyes de asociación de la naturaleza humana (que todos los seres humanos por el hecho de ser humanos tienen). Estas leyes son la semejanza (unas cosas que vemos se parecen a otras que ya hemos visto), la contigüidad ( unas cosas aparecen al lado de otras, con respecto al espacio; y unas después de otras, con respecto al tiempo) y la causalidad (unas cosas dan lugar a otras).
Una vez que ya tenemos la idea de una cosa, cuando veamos otra cosa parecida; no sabemos si en realidad esta cosa tiene alguna conexión en la naturaleza, sino somos nosotros los que creamos esta conexión. Ya no vamos a ver las cosas desde su misma aparición, sino que las vemos desde las creencias que ya tenemos.
Ahora bien, sin creencias, dice Hume, que desaparecería el mundo cotidiano, dejaríamos de ver lo que vemos. Y ahí viene la problemática del conocimiento: ¿cómo tener un conocimiento que se ajuste realmente a lo que hay y que no esté interpretado desde nuestra imaginación y nuestras creencias?
El mundo cotidiano no se puede reducir únicamente a lo que percibimos, porque en parte lo estamos construyendo a través de la imaginación. Partimos, dice Hume, de la creencia de que los objetos cotidianos existen y podemos conocerlos tal cual; pero esto ya es es sí misma una creencia. A nuestra mente solo llegan una diversidad de sensaciones; y es nuestra mente quien las junta. Creemos percibir las cosas, pero no tenemos la certeza absoluta de que así sean; podría ser que si tuviésemos otras creencias, la realidad percibida fuese otra.
Aun así, con toda esta problemática, el objetivo de Hume es que la realidad que percibimos se ajuste lo más posible a la propia realidad; y el criterio que utiliza es que se correspondan nuestras ideas en la medida en que se pueda a las impresiones que de la realidad tenemos. Pero las ideas más complejas se alejan cada vez más de las impresiones, y Hume cae en la cuenta del papel que juega la creencia en todo esto.
domingo, 17 de febrero de 2019
Historia de la Filosofía - Segunda Evaluación
Para el segundo examen de la segunda evaluación
Ockham - apuntes
Maquiavelo - apuntes y capítulos XV al XIX del El Príncipe
Descartes - Libro de texto - Texto Evau (Tercera Meditación)
Hume - apuntes
Rousseau - apuntes
Ockham - apuntes
Maquiavelo - apuntes y capítulos XV al XIX del El Príncipe
Descartes - Libro de texto - Texto Evau (Tercera Meditación)
Hume - apuntes
Rousseau - apuntes
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